Visite Chicago por primera vez al final del verano de 2019. Fue andando en bicicleta alrededor del lago Michigan, cuando después de meses en duelo, por fin sentí que todo iba a estar bien. Después de ese viaje conocí a alguien que vino a enseñarme que en esta vida tendremos muchos amores, que todos son diferentes y que cada uno tiene su propia magia.
Cuando Taylor Swift anunció su gira, me registré para tres lugares y después de la desastrosa preventa, tuve la suerte de conseguir boletos en Chicago. Tener la oportunidad de verla en esta ciudad y en esta época, en el que se cumplen cinco años desde aquella dolorosa ruptura, no es coincidencia.
Se me salieron las lagrimas cuando canto All Too Well que me recuerda con nostalgia, pero mucha compasión, esa época de mi vida en la que lo que empezó como un amor bonito, se convirtió en una relación insostenible. Esa época en la que me rompí de maneras que no conocía posibles. Esa época en la que el dolor se sintió unbearable y en las que hubo tardes en las que llore hasta quedarme dormida.
Pero, llore y llore cuando canto Lover, que para mi es un recordatorio de que cómo todo, el dolor pasa y que se vuelve a hacer uno mismo. Un recordatorio de que aunque hay lugares de donde no queremos irnos, hay poder en dejar ir. Un recordatorio de que con el tiempo el corazón sana y que vuelve a estar listo. Un recordatorio de que el amor bonito no llega, se crea y es certidumbre y trae paz.
Regrese cuatro años después Chicago, a decirte que tenías razón, toda iba a estar más que bien.