La mujer que más admiro: mi abuela Amelia

Un día me hablaron del linaje femenino ancestral y la importancia de sanarlo y me cambiaron la vida.

No olvidó la tarde de julio en la que pase a decirle que había tomado una oportunidad en el extranjero. Me abrazo y me dijo: “Yo lo único que quiero para ti es que seas feliz”. Tan diferente a mi abuela paterna, que hasta que se fue, tuvo expectativas que no logre cumplir.

Desde que me fui, cada vez que vengo a Mexico me apartó una tarde para hablar por horas con ella, mi abuela materna. Ella sabe más de que han ido estos casi ocho meses, que incluso mis padres.

Hace unos meses, le conté de las razones personales y profesionales por las que decidí mudarme, de lo diferente que es mi vida allá y finalmente de él. Segura estoy de la sorpresa que se llevo de escuchar algunas cosas que le confesé y lo poco tradicional que todo pudo parecerle, pero ella solo escucho atenta. Nacimos y crecimos en diferentes épocas, pero se que ella en el fondo me entiende. Después de muchas palabras le dije: ¡Abue, soy muy muy feliz!. Es una mujer de pocas palabras, su sonrisa lo dijo todo.

El miércoles toque su ventana para decirle: “No se que traigo, pero estoy enferma así que solo pase a decirte que ya llegue. Vengo en cuanto pueda”. Yo se que ella espera la continuación de la historia, pero tambien se que no importa cuál haya sido el desenlace, lo que ella le importa es que sea feliz. Y de eso, puedo darle certeza.

Quiero creer que vivo y logro por ella. Por esa versión aventurera y soñadora que fue de niña. Por esa versión valiente que aguantó tanto abuso al perder a su padre en su juventud. Por esa versión adulta que sacrificó tanto para criar a siete hijos como madre soltera.

Vivo agradecida con ella, por romper con patrones generacionales. No dimensiona el impacto que su vida tendrá, un legado. Sueño con llevarla a New York pronto, porque la vida es demasiado corta. Es la mujer más fuerte que conozco y a la que más admiro: mi abue Meba.